Hemos visto rostros ilimitados, perfección de otros límites,
una montaña erguida con su perfil clarísimo
y allá la mar, con un barco tan sólo,
bogando en las espinas como olas.
Pero si el dolor de vivir como espuma fungible
se funda en la experiencia de morir día a día,
no basta una palabra, para honrar su memoria,
que la muerte en relámpagos como luz nos asedia.
Pájaros y clamores, soledad de más besos,
hombres que en la muralla como signos imploran.
Y allá la mar, la mar muy seca, cual su seno, y volada.
Su recuerdo son peces putrefactos al fondo.
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