Cerró cuidadosamente los ojos, tenía una sensación extraña. Su cuerpo estaba sudado cuando cayeron las gotas de un rocío suave en su escote, al sentirlo se estremeció. Una brisa tibia en el cuello, le hizo abrir los ojos rápidamente, esperaba encontrarlo a él.Giró lentamente la cabeza esperando sus ojos, pero no estaba... Siempre que su piel estaba sensible, sus ojos a punto de estallar y sus piernas temblaban por amor, esperaba que llegase y la acogiera con sus brazos. Cerró los ojos y respirando el frío de la noche, caminando con sus botas que golpeaban el agua en pequeñas pozas, imaginaba estar entre rosas, en otro lugar muy lejano a éste acostada, con el cabello despeinado y libre de tanto amor, al lado de quién la estremecía, le hacía sentir única, de quién admiraba ciegamente. Lloraba, le pesaba la angustia, su imaginación la llenó de melancolía y corrió tan lejos como sus piernas pudieron. Llegó a ese lugar, al que ya no soportaba, pero que aun así era su único refugio. El peor lugar para poder ser feliz, el peor lugar para borrar la angustia, porque era ahí donde él la esperaba. Sabía que llegaría, siempre lo hace... Le secó las lágrimas, y le dijo que solo era un sueño, que no debía preocuparse, ya estaba a salvo. La abrazó con todas sus fuerzas, como ella lo imaginó y caminaron, entre cruces y epitafios. Sus respiraciones agitadas de tanta emoción y de tanto andar, a sabiendas de lo que ya venia. No lo pudo evitar, se acerco a ella besándola, y acariciándole la espalda, ambos cuerpos temblaban de calor. Se miraban a los ojos cuando ella comenzó a desabrocharle el abrigo, tomándola en brazos la cobijó con su cuerpo y su respiración. Por primera vez sintieron sus cuerpos, y nunca sintieron el frío de la noche. El tiempo desapareció, la angustia se fue con él, no existía más nada que dos cuerpos desnudos.
Extenuados sobre el mármol se miraron y volvieron a juntar sus cuerpos, se quedaron ahí mientras la luna y las estrellas comentaban de lo que habían visto, mientras otros se alejaban sin haber visto nada. Se vistieron se tomaron de las manos, bajaron por entre las escaleras de ese frío mármol que les decía, “entre los velos del amor descansaba en paz”. Él le acaricio la espalda lentamente, se acercó a su cuello y lo besó. Ella cerro sus ojos y él la miró con ternura – Es el infierno más placentero, en el que me quiero quedar...- Ella se paró, silenciosa, cauta y sin separar sus ojos de los de él, – No me dejes despertar, que ahora sé que no voy a llorar... La luna ya sabía de su destino, la Luna les había preparado la velada, pero debía irse, el sol entregaba su entrada. Tanto tiempo esperaron reencontrarse, tanto que ya no existían. Ella despeinada y calma de tanto amor se marcha, no se besan, no se miran, ya no pueden.
1 comentario:
hola epitafio! como baila?
ya chauhip
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